Benvinguts / Bienvenidos

Benvinguts a un espai on gaudir de ser conscient de la vida, de cada moment, de ser valuosos i de saber que tot pot canviar a millor, només cal descobrir com fer-ho.


Bienvenidos a un espacio donde gozar de ser consciente de la vida, de cada momento, de ser valiosos i de saber que todo puede cambiar a mejor, sólo hace falta descubrir cómo hacerlo.

lunes, 25 de febrero de 2013

TRATAMIENTO DEL DOLOR Y LA FIBROMIALGIA CON HIPNOSIS Y PNL

" No brain , no pain " es decir , sin cerebro no hay dolor. 

El dolor es una experiencia mental. Cuando los receptores periféricos del dolor (nociceptores) transmiten una señal dolorosa a través de nuestros nervios hasta el cerebro, no es más que un impulso eléctrico que el cerebro interpretará como dolor. Del mismo modo , la diferencia entre ruido y música es una experiencia mental, depende de la interpretación que nuestro cerebro da al impulso auditivo y eso varía entre una persona y otra. Mientras para muchos adolescentes Mozart es aburrido, para muchos amantes de la música clásica, AC/DC es una cacofonía.

Hay interesantes estudios sobre el dolor en miembro fantasma, un miembro que ha sido amputado o que no tenemos de nacimiento y sin embargo nuestro cerebro nos envía una percepción de dolor procedente de él. Incluso muchos pueden precisar el dedo exacto del que procede, ¡aunque no exista!

El dolor es útil e imprescindible para evitar daños a nuestro cuerpo, nos avisa de algo que nos está hiriendo para que podamos retirar a tiempo la parte que está en peligro.También nos avisa de que algo no va bien y merece nuestra atención: por ejemplo un deportista que ignora un dolor leve en una articulación acabará con una lesión más severa. El cuerpo se comunica con nosotros a través de los síntomas para que le prestemos atención y pongamos soluciones al respecto. Cuando el cuerpo necesita reposo para reparar una parte dañada, el dolor es lo que asegura que lo hagamos.

Además, nuestro cuerpo puede marcar prioridades y anular un dolor si la ocasión lo merece. La mayoría de personas que entran a una consulta cojeando de dolor, correrían como atletas para escapar de un tigre hambriento y no sentirían dolor hasta haber pasado el peligro ¿o no es así? Su sistema neurohormonal les daría una descarga de analgesia para superar el peligro. Hace unos años , mi hija y yo fuimos atropellados y me rompí dos costillas. No sentí dolor alguno hasta que mi hija estuvo atendida en el hospital, una hora más tarde. Entonces me relajé y pude notar mi dolor y la dificultad al respirar. Hasta entonces mi cerebro bloqueó esta señal, había cosas más prioritarias que atender.

Hay muchos estudios que demuestran que según el componente emocional de un dolor, cambia su evolución y pronóstico y la respuesta a los analgésicos. Por ejemplo, no evoluciona igual un dolor por un golpe fortuito que si es resultado de una agresión. Lo que pensamos sobre el dolor, influye sobre el mismo ( recordemos que el cerebro interpreta y modula esta señal de una manera que sólo empezamos a comprender). 





 Pero no todo el dolor es  útil y nos avisa de algo evitable, hay dolores que se cronifican sin ningún sentido aparente. A veces, simplemente es una lesión crónica que el cuerpo no puede reparar y necesita de cirugía, pero en otras, la lesión ya no existe o sencillamente no hay una causa objetiva para ese dolor. ¿qué ocurre entonces? Nuestro cerebro interpreta una señal dolorosa que en realidad no se origina fuera del cerebro. Y lo más curioso es que hasta la fibromialgia más limitante, se cura temporalmente ante un tigre hambriento ( yo siempre tengo tigres hambrientos en mi consulta para estos casos...). Se ha establecido un circuito anómalo que transmite dolor sin necesidad de estímulo a los nociceptores, es como un bucle que se retroalimenta.

El dolor crónico, tiene además un efecto emocional muy potente que acentúa su percepción, ocupa cada vez más espacio en nuestra consciencia hasta eclipsar todo lo demás. Este círculo vicioso nos atrapa cada vez más, hasta que todo en nuestra vida gira alrededor del dolor, los analgésicos no consiguen ya controlarlo y una sensación de desesperación y limitación se cierne sobre nosotros hasta llevarnos a una depresión que empeora todavía más el cuadro. De hecho muchos dolores crónicos responden mejor a los antidepresivos y a los anitiepilépticos que a los analgésicos ¿curioso no?

La fibromialgia, enfermedad desconocida por los médicos e incomprendida para mucha gente, responde mal a cualquier fármaco, sin que la ciencia aclare el porqué. Hay muchas teorías, probablemente porque ninguna explica lo que realmente ocurre. Y sospecho que dentro de ese cajón de sastre que llamamos fibromialgia también hay muchos trastornos distintos que entremezclan la hipersensibilidad al dolor, estados emocionales, enfermedades reumáticas o neurológicas aún por descubrir...confío que con el tiempo se arroje nueva luz que ayude a todas esas personas que sufren.

Sin entrar en aspectos físicos, de los que tan poco sabemos todavía , está demostrado que si intervenimos en el proceso cerebral que proporciona la vivencia de dolor, conseguimos mejorar éste. Y ahí es donde la hipnosis, como herramienta que nos permite intervenir sobre los procesos inconscientes, es de gran utilidad. Nuestro inconsciente, como director de orquesta, maneja todos nuestros estados internos, nuestros procesos no conscientes que gobiernan nuestro cuerpo y por lo tanto es una puerta a los funcionamientos de nuestra mente que modulan nuestra experiencia de dolor.

En la hipnosis de espectáculo, que nada tiene que ver con la hipnosis clínica terapéutica, todos hemos visto como se puede generar anestesia de un miembro y clavar una aguja sin sentir dolor, pero eso, aunque espectacular, no es útil dada su efímera duración, pero sí que nos abre un mundo de posibilidades sobre lo que nuestro cerebro es capaz de lograr.

El tratamiento del dolor con hipnosis, usado en Unidades de Dolor de muchos hospitales, ha demostrado ser mucho más que un placebo como antaño se creía, y es efectivo en el contexto de un tratamiento multidisciplinar.


Lo primero, para tratar el dolor con hipnosis, es partir de un diagnóstico médico correcto. Si el dolor nos está avisando de una metástasis ósea, por ejemplo, sería una terrible negligencia usar la hipnosis para mejorarlo y que eso retrase el diagnóstico. 

Una vez hecho un diagnóstico médico de certeza, vendrá el diagnóstico psicológico: con qué sucesos vitales coincidió el inicio del dolor o qué lo agrava, que "utilidad" tiene ese dolor para la persona, en que situaciones emocionales el dolor mejora o empeora, cuáles son sus creencias sobre ese dolor, etc. No hablo de una diagnóstico del DSM ( manual de desórdenes mentales con el que se codifican los diagnósticos psiquiátricos), sino de un diagnóstico a medida para cada paciente.Cada persona es un ser único y valioso, no le colguemos una etiqueta que empobrezca la visión que todos van a tener sobre él. Yo no tengo pacientes fibromiálgicas, tengo mujeres que sienten dolor, cada una es un mundo distinto y maravilloso por descubrir, no lo reduzcamos a una palabra generalizadora.

Una vez hecho todo esto, y sólo entonces, la hipnosis y la PNL como tratamiento del dolor es una herramienta útil, que mejorará tanto el dolor, como las limitaciones que produce, como el estado emocional de la persona.

La hipnosis es una buena herramienta de psicoterapia y de tratamiento del dolor, no es una solución mágica que todo lo arregla, ni ayuda a todo el mundo de la misma manera. Hay factores que modifican el resultado, sobretodo la resistencia consciente o inconsciente a mejorar de su problema, a ser hipnotizado, a aceptar los cambios que supondrá en su vida mejorar de su dolor, etc. Por todo esto, la hipnosis debe ser una herramienta más en un proceso de terapia que prepare a la persona para vivir con éxito todo el proceso. 

Y , como ya comenté, en otro artículo, 

http://jordireviriego.blogspot.com.es/2012/04/la-hipnosis-de-cada-dia.html

la hipnosis no provoca una pérdida de control del hipnotizado, sólo hará lo que despierto se permitiría hacer,   no es más que un mito eso del control mental del hipnotizador, en realidad, es una autohipnosis SIEMPRE, el terapeuta da una vía al paciente para entrar en trance y hacerlo o no, es decisión del paciente en todo momento, y salir del trance también. Es simplemente dejarse llevar, pero siempre queda un "testigo" en nosotros que nos despertará inmediatamente si el trance no es de su agrado. 

En consulta, muchas veces se usa la hipnosis "despierta", con un trance ligero que permite al consciente colaborar en todo el proceso, personalmente me parece el nivel de trance más adecuado para tratar el dolor.

Hay un mundo esperando a que salgas a disfrutarlo, atrévete a descubrirlo.

martes, 12 de febrero de 2013

SOMOS PERSONAJES LEGENDARIOS

Una de las corrientes de la terapia breve, originada en las estrategias terapéuticas de Milton H. Erickson, es la terapia narrativa, es decir usar la narración como estrategia de la terapia. Para ello se usan cuentos, metáforas, etc. que elabora el propio paciente guiado por el terapeuta para darse cuenta de aspectos de sí mismo. En ocasiones el terapeuta reescribe la historia redefiniendo al personaje del paciente para ofrecer nuevas alternativas y puntos de vista.

El planteamiento parte de la base del constructivismo. La realidad no es objetiva sino construida. Y no sólo la realidad externa, también el concepto de nosotros mismos es una "leyenda" construida. Interpretamos un personaje ante el mundo y ante nosotros mismos ( y no siempre coinciden)

Es interesante escuchar como hablamos de nosotros mismos, como si fuéramos personajes de una novela.

Cuando alguien se define o nos cuenta su vida, es fácil categorizar " que tipo de novela" nos está contando.

-tragedia: personaje trascendente, que genera pena.
-melodrama: tendencia al patetismo, menos conmovedor.
-comedia: más cotidiano, personajes más humanos.
-bufonada: riéndose de todo, tono de absurdidad.
-etc.

También podemos identificar la posición de la persona en "su leyenda" sobre sí mismo:

-protagonista activo de su historia.
-personaje secundario que vive en manos de los personajes principales o del "destino".

Todos nos presentamos con una máscara que nos sirve de "anuncio": unos son víctimas, otros guerreros, otros excéntricos, otros triunfadores, etc. etc.y a partir de esta máscara explicamos la historia de nuestra vida.

Lo síntomas son metáforas de nuestra historia, son calidades de nuestro personaje.

Muchas veces vemos en terapia personajes que ya no encajan en su propia leyenda y por eso aparecen síntomas: ansiedad, depresión...

Vamos a ver un ejemplo real para entender mejor el planteamiento:

Mujer de 62 años que viene a la consulta por síntomas depresivos. Empezamos a conocer su personaje primero por su aspecto: mujer atractiva, vestida muy juvenil, con un físico muy cuidado, ropa cara, peinado moderno, joyas llamativas y tono de voz dulce, educado y seductor.
Explica que viene de una familia rica y a los 16 años se enamoró perdidamente de un chico de 20 años que era de una clase social inferior. Renunció a ejercer su carrera de filóloga para criar a sus 5 hijos y ocuparse de la casa. Sigue enamorada de su marido, a pesar de conocer sus infidelidades reiteradas. Él vive la vida como quiere, saliendo con sus amigos, practicando vela, viajando y teniendo relaciones extramatrimoniales públicamente.Al jubilarse el marido, la situación empeora y él vive como un adolescente mientras ella, ya con los hijos emancipados se queda sola y triste "en su castillo". Algunos de sus hijos le aconsejan que se separe y otros que no lo haga. Ella no sabe qué hacer, está enamorada del hombre con el que se casó, pero la realidad actual es otra.

Bien, estamos ante un drama romántico , ella es como una princesa adolescente que se casa con un plebeyo locamente enamorada a pesar de la oposición de su familia. Ella no es la protagonista de su historia, más bien es un personaje secundario que se define respecto a su marido, a sus hijos, etc. pero no por sí misma. La angustia aparece cuando su idealización adolescente del marido y de sí misma choca con una realidad que no concuerda con su leyenda ( ha envejecido, su marido no es el personaje romántico que ella ama, ha renunciado a su vida por los demás...) Se siente atrapada. Su demanda es saber si su matrimonio tiene solución o no.


Su personaje está anclado en el pasado, en una adolescencia eterna donde ella es una princesa destronada sin solución. La vida ha ido avanzando, pero ella no.

El objetivo de la terapia será hacerla "crecer" hasta su edad cronológica, que sea consciente de sus fortalezas y capacidades, enriquecer su narrativa de manera que pueda ser el personaje central de su vida y madure para decidir en base a su presente, no a su pasado.

El primer paso será confrontarla con su presente para que acepte la pérdida de la idealización del marido, resolver los nudos que la anclan al pasado ( ¿qué pasaba en su vida cuando tenía 16 años para que se enamorara tan perdidamente para toda la vida?) y ayudarla a planear su futuro.

Hacerle tomar consciencia de las muchas cosas que ha decidido por si misma a lo largo de su vida, reforzar sus recursos, ayudar a reforzar su autoconcepto. Al fin y al cabo es una mujer madura, bella, culta y refinada, con poder adquisitivo, que puede tomar las riendas de su vida.

El objetivo final será que se siente con libertad para decidir sobre su vida. El terapeuta no debe aconsejar sobre si separarse o no, porque así reforzaríamos su autopercepción de personaje secundario a merced de los demás. Tan solo debe ayudarla a crecer como persona hasta tener fuerza y madurez para tomar las riendas de su vida y decidir como quiere vivirla.

En este caso, siendo ella filóloga, podemos orientar la terapia entera como una novela. Primero que tome consciencia de su personaje para que pueda redefinirlo y escribir una nueva historia sobre sí misma. Le ayudamos a enriquecer su historia y su personaje con muchos más matices y recursos.Quizás si esa princesita crece hasta ser una reina fuerte y segura de sí misma , sepa llevar a su personaje con decisión y coraje hasta una nueva trama que la satisfaga mucho más. El marido puede evolucionar hasta estar a su altura y reescribir una nueva historia de amor más madura o seguir con su adolescencia eternamente, pero en este caso no será al lado de una reina fuerte y poderosa. De hecho el marido es el adolescente que ella ama , solo que el amor ya no es correspondido.

Nuestro personaje también condiciona el "papel" del resto de personajes de nuestra vida. Cuando nuestro personaje evoluciona y se enriquece, el resto de personajes, o se recolocan o no encajan en nuestra historia y salen de ella.

Otro caso interesante, contado por el mismo Erickson es el de una mujer obesa de mediana edad, que acudió a él para perder peso con hipnosis. Fue una chica muy atractiva y promiscua, que disfrutaba levantando pasiones entre los hombres. Se casó enamorada de su marido y tiene un matrimonio feliz. Erickson, como excelente estratega, descubrió pronto la resistencia a adelgazar de la paciente. Ella estaba satisfecha con su vida matrimonial y su nuevo personaje en la vida. Si adelgazaba y recuperaba su atractivo, temía volver al personaje seductor y sexy que fue y no ser fiel a su marido si los hombres la volvían a considerar deseable. Es como si el personaje actual necesitara un atrezzo que le restara atractivo para existir. El trabajo consistió en llevar consciencia a esa resistencia para que ella pudiera decidir si quería adelgazar o no.

Ser conscientes del personaje que representamos en nuestra leyenda de vida nos da el poder de decidir si queremos seguir interpretando el mismo papel o cambiarlo o mejor aún enriquecerlo con nuevos matices y recursos, dejando de ser un personaje plano para ser un personaje mucho más rico e interesante para nosotros mismos, el protagonista de una historia apasionante que apetezca ser vivida. Pasar a ser autores y protagonistas de nuestra propia historia y ser conscientes de todo lo que escribimos en ella, hace que nos sintamos mucho más dueños de nuestras vidas y nos valoremos más. 

Si no te gusta tu personaje o tu leyenda, !reinvéntala y escribe otra! y si no sabes cómo, pide ayuda a un terapeuta.

No se trata de despreciar lo "escrito" hasta ahora , sino de darle un giro interesante a nuestra novela, enriquecer nuestro personaje con nuevas capacidades e involucrarlo en historias más interesantes. 


Jordi Reviriego.